La ciencia se alimenta de la curiosidad, sin importarle la utilidad práctica, por su parte la tecnología se enfoca en la solución de problemas o necesidades que podrían simplificarse en los usos cotidianos de la energía.
Montar a caballo
simplifico la fatiga de largas jornadas a pie, la rueda disminuyó las pérdidas
de transportar cargas, el keroseno (erróneamente llamado “gas” en Nicaragua), hizo
más felices a los cetáceos al disminuir el uso de aceite de cachalote y ballena
para alumbrado.
